La prostitución es un trabajo tan antiguo como el propio ser humano, y puede que incluso existiera antes de que se formaran las primeras sociedades tal y como las conocemos. Un oficio que evidentemente ha ido evolucionando a lo largo de los años, pero que siempre ha estado marginado, como si fuera algo prohibido. De hecho, en muchos países el sexo de pago es ilegal y está perseguido, tanto para quien lo ofrece como para quien lo consume. La abolición de la prostitución es una de las banderas que muchos gobiernos enarbolan, en nombre del progreso, la salud social y la mejora en las condiciones de vida de las mujeres que tienen que emplearse en este tipo de servicios. Existen todavía redes de esclavitud sexual y eso es irrefutable. Sin embargo, la mayoría de las mujeres que se dedican a la prostitución lo hacen por voluntad propia. Acuciadas por la falta de dinero y ocasiones laborales, es posible, pero como en cualquier otro trabajo.

Las condiciones de las trabajadoras sexuales, sin embargo, son absolutamente demenciales. En aquellos países donde la prostitución no es legal, carecen de todo tipo de derechos laborales, su seguridad siempre está puesta en duda… La marginalidad a la que han sido acorraladas las escorts durante siglos sigue hoy en día más en boga que nunca. La sociedad sigue avanzando, y al menos ya plantea el debate sobre la legalización de este oficio. Algo que ha ocurrido ya en muchos países del mundo, tanto en Europa como en América y Asia, pero que sigue sin ser la norma general. La prostitución siempre ha sido un tema muy polémico, cuyos debates derivan siempre en generalizaciones, como que todas las prostitutas son esclavas sexuales. La realidad es muy diferente, y como suele ocurrir, también bastante compleja. En este artículo, nosotros hemos querido recoger algunas de las razones que esgrimen aquellos que abogan por legalizar la prostitución. Porque siempre es bueno conocer las dos caras de la moneda en cualquier debate.

Los derechos de las trabajadoras sexuales

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Las trabajadoras sexuales, como su propio  nombre indica, realizan un trabajo, en este caso un servicio, a cambio de un pago previamente establecido. Es un intercambio tan habitual y normal como cualquier otro, solo que tiene que ver con el sexo. El componente sexual es lo que lo cambia todo, lo que hace que muchos renieguen de esta profesión y la hayan estigmatizado durante siglos. Pero las mujeres que trabajan libremente como prostitutas deben tener sus derechos, como cualquier otra trabajadora. Pagar sus impuestos, pero también contar con derecho al paro, a baja por enfermedad, e incluso a una pensión en el futuro, el día que puedan retirarse. En los países donde la prostitución es legal, esto se cumple a rajatabla, con buenos resultados en la mayoría de casos.

Por qué legalizar la profesión

Existen dos posturas bastante claras a la hora de enfrentarse al “problema” que supone la prostitución. La primera postura es la abolicionista, la que defiende que la prostitución genera abusos, insalubridad, y es un trabajo indigno para las chicas. La otra postura es la de la legalización, asumiendo que muchas chicas deciden por sí mismas trabajar como escort y tienen derecho no solo a eso, sino a todas las ventajas y derechos de cualquier trabajador. Para defender esta segunda postura, muchos arguyen que la prostitución va a seguir existiendo como hasta ahora, se prohíba o no. Perseguirla no acabará realmente con el problema, solo lo arrinconará aun más. Además, se atacará directamente al eslabón más débil, que son las chicas que intentan ganarse la vida como pueden a través de estos servicios. Actualmente, en los países donde la prostitución es ilegal o alegal, estas chicas no tienen derechos laborales y deben sobrevivir como pueden.

Dotar de seguridad y de derechos a las trabajadoras sexuales que decidan serlo por sí mismas es una obligación por parte de las administraciones. Una mujer puede emplearse como modelo, e incluso como actriz de cine para adultos, pero no como prostituta. En todos los casos, ofrece un servicio a cambio de un pago pactado. ¿Qué diferencia ahí? El estigma social que todavía se tiene sobra las prostitutas, históricamente marginadas y vilipendiadas. El sexo no debería ser moneda de cambio, o al menos eso es lo que tenemos enraizado en nuestra mente. Es una idea que viene desde muy lejos, y que fue potenciada por la religión durante la Edad Media. Pero los tiempos cambian y hoy por hoy, cualquier persona debería poder hacer con su cuerpo lo que quisiera, siempre que no dañe a los demás. La prostitución debería ser un trabajo como otro cualquiera, como ya lo es en muchos países avanzados.

Abogando por un profesión segura

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La inseguridad es una constante en la vida de las profesionales del placer. Por desgracia, estas trabajadoras están muy expuestas a los peligros que supone trabajar de noche, o atender solas a clientes que pueden ponerse violentos… De hecho, es habitual que el cliente se sienta con derecho a todo solo por pagarle a la escort. La seguridad es hoy en día una prioridad para todas las chicas que se emplean en este negocio, y muchas de ella lo hacen solo en casa, precisamente para evitar incidentes. Si se legalizara la prostitución, las chicas se sentirían mucho más seguras al tener mayores recursos para protegerse. Empezando por llamar a la policía en caso de que el cliente la agreda o se ponga violento. Algo que nos parece lógico en cualquier otro negocio, en la prostitución todavía no está instaurado.

Instituciones que apoyan la legalización del sector

El debate lleva años sobre la mesa, pero es cierto que en los últimos tiempos está consiguiendo más atención que nunca. La llegada de la nueva ola de feminismo ha provocado todo un terremoto en este tema, ya que muchas feministas chocan entre sí al hablar de ello. Hay asociaciones que abogan por despenalizar la prostitución, legalizándola y persiguiendo, por supuesto, la esclavitud sexual. Así mismo lo entienden algunos gobiernos mundiales, como el de Bélgica, Alemania, Holanda o Brasil. En todos estos lugares, la prostitución ha sido legalizada en los últimos veinte años. Se ha buscado proteger al sector y ofrecer a las chicas una alternativa más segura para su trabajo. Se entiende, además, que la prostitución no va a desaparecer, porque lleva con nosotros toda la Historia. Mejor asumirlo y dotar de garantías este trabajo, que intentar perseguirlo y acabar con él sin éxito.