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PRESENTACIÓN DEL LIBRO 'INNOVACIÓN Y REGULACIÓN EN BIOMEDICINA'
Reivindican la doble vertiente social del medicamento frente a su demonización

Juan del Llano, Carmen Vela y Carlos Teixeira: obligados a entenderse por la sostenibilidad. (Joana Huertas / Sanitaria 2000)

El fármaco no puede ser visto como un bien de consumo y su valor debe contrastarse con la enfermedad que combate o las ganancias de salud equidistribuidas que genera
18/05/2017 18:05 h. imprimir


Ismael Sánchez Twitter email


Farmacia innovación sostenibilidad

El demonio de la industria farmacéutica y su producto más infernal, el medicamento, encuentran la absolución en pequeñas capillas, muy sanitarias y ciertamente minoritarias. Toda la condena que los laboratorios reciben por parte de una sociedad iracunda y poco reflexiva se transforma en elogio cuando la cosa queda en casa y no salimos del sector. Así se ha vuelto a comprobar en la Real Academia Nacional de Farmacia, que ha acogido la presentación del libro Innovación y regulación en biomedicina, de la Fundación Gaspar Casal. Autores y expertos reunidos han elogiado la doble vertiente social del medicamento y lo han puesto a salvo de su tendenciosa consideración como bien de consumo.

No hay una definición inequívoca de innovación, precisa José María Abellán
Su valor por tanto estaría fuera de toda duda y, sobre todo, lejos del alcance de la demagogia. Y es mayor cuando la enfermedad que combate es más grave, menor la edad del colectivo al que beneficia y más ganancias de salud equidistribuidas genera, según ha explicado José María Abellán, coautor del libro y presidente de la Asociación de Economía de la Salud. El valor social del medicamento es el que justifica la innovación como motor de la actividad de la industria: no como un desbocado e inútil ánimo de lucro sino como la búsqueda de un valor adicional respecto al que aportan productos que ya están en el mercado. Eso sí, no hay una definición inequívoca de innovación, precisa Abellán, por lo que el debate sigue abierto y administraciones y empresas no tienen más remedio que perseverar en un punto de encuentro.

Para debatir, mejor hacerlo con fundamento, subraya Juan del Llano, editor del libro y director de la Fundación Gaspar Casal, cuyo propósito es buscar un equilibrio entre los dos ámbitos a examen: la innovación y la regulación. Aunque, ciertamente “el encaje no es nada sencillo”. Y no lo es porque no se sustancia solo entre dos materias. Carmen Vela, secretaria de Estado de Investigación, Desarrollo e Innovación, añade una tercera, a modo de propósito: la sostenibilidad. Y se inclina por reducir el alcance de la regulación, lo cual “no es contradictorio con la evaluación permanente”, dicho sea de paso por toda una alta representante de la Administración General del Estado.

José María Abellán o cómo la economía de la salud perfila el valor del medicamento. (J.H. / S2000) 



Morir de éxito
Más categórico ha sido el representante del Ministerio de Hacienda y Administraciones Públicas, César de la Fuente: “Sin regulación, la innovación moriría de éxito. La regulación no solo garantiza la sostenibilidad del Sistema Nacional de Salud sino que actúa en el propio bien de la innovación”. En primera fila, atento a estas palabras y con rostro circunspecto, se encontraba Carlos Teixeira, director general de Teva, compañía patrocinadora del libro y más conocida por sus genéricos, pero que apuesta igualmente por la innovación… pese a los obstáculos normativos que pueda encontrar en el camino.

Si el arsenal farmacéutico que viene no se puede pagar, habrá que modificar el presupuesto, dice Francisco Zaragozá
También intervino en la presentación otro de los autores del libro, Francisco Zaragozá, muy ufano por combatir a los representantes de esa sociedad que demoniza al medicamento, pero que afortunadamente “no tienen ni idea” de la cuestión. Y exhaustivo también en la enumeración de innovaciones farmacológicas que están cambiando extraordinariamente el desarrollo de algunas enfermedades y/o factores de riesgo: hepatitis C, tumores, insuficiencia cardiaca, colesterol, diabetes… ¿Y si todo este arsenal, más el que venga, no se puede pagar? Pues habrá que modificar el reparto del presupuesto, responde Zaragozá, o contener los precios o controlar otros gastos sanitarios. En suma, posibilitar la sostenibilidad. La cuestión es cómo hacerlo.

Además de los capítulos firmados por Abellán y Zaragozá, el libro cuenta con aportaciones de reputados expertos como los economistas Vicente Ortún y Guillem López Casasnovas, ex altos cargos de uno y otro lado del mapa político (Félix Lobo y Enrique Castellón) y responsables de la Administración que, a su manera libre y pensante, siguen ejerciendo (Antoni Gilabert y Salvador Peiró).

El editor Del Llano se reserva una nota final en la que refrenda la vertiente social del medicamento: “En los sistemas públicos financiados con impuestos directos, los miembros de los parlamentos deben determinar las prioridades en la investigación y la innovación con interés social y no sólo económico”. Tomen nota, señores diputados, porque la tarea no es sencilla, pero sí perentoria.