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CUESTA 92.000 MILLONES DE EUROS AL AÑO POR PÉRDIDA DE PRODUCTIVIDAD
La depresión es un problema capital para la economía y debe abordarse desde el trabajo

La depresión se relaciona con un 19 por ciento menos de posibilidades de estar empleado. (Istock)

El 86 por ciento de los afectados está en edad de trabajar. Dentro de esta franja, el 10 por ciento sufre un episodio depresivo al año, con una duración media de 35,9 días, según apunta un informe
14/03/2017 13:53 h. imprimir


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Depresión pérdida de productividad

El coste anual de la depresión en la Unión Europea se sitúa en 92.000 millones de euros debido, fundamentalmente, a la pérdida de productividad de los trabajadores. La depresión se asocia, además, con altas tasas de desempleo y bajas laborales.
 
La exclusión del mercado laboral, que con frecuencia provoca la enfermedad, potencia el estigma del paciente y la merma económica, algo que contribuye a su vez a rebajar su autoestima. Estos síntomas, unidos al aumento de incidencia del trastorno, sitúan a la enfermedad como un problema capital para la economía, ya que constituye una de las principales causas de baja laboral por incapacidad temporal y permanente.
 
Así se desprende del Informe para un Mejor Abordaje de la Depresión en el Ámbito del Trabajo, realizado por Jerónimo Saiz, jefe de Servicio de Psiquiatría del Hospital Ramón y Cajal, de Madrid, y Margalida Gili, decana de la Facultad de Medicina de la Universidad de Islas Baleares, en colaboración con Lundbeck.

influencia de la crisis económica
Según el estudio, esta patología mental se relaciona con un 19 por ciento menos de probabilidades de estar empleado o una disminución de los días trabajados en un año en torno a 7-8 semanas. Se estima que el coste total de la depresión en la UE constituye más del 1 por ciento del PIB.

"El trabajador oculta sus síntomas para evitar el estigma", apunta Saiz
Y es que el 86 por ciento de los europeos que padece depresión está en edad de trabajar. Dentro de esta franja, el 10 por ciento sufre un episodio depresivo al año, con una duración media de 35,9 días por episodio.
 
El impacto de la depresión sobre la población trabajadora y, por tanto, sobre el tejido empresarial español, conlleva serias consecuencias profesionales, sociales y económicas en España.
 
La depresión se relaciona con menor productividad, absentismo y presentismo laboral, mayor riesgo de desarrollar otras enfermedades, ya sean mentales o físicas, incremento del uso de los servicios sanitarios, un mayor número de accidentes y jubilación anticipada.

A consecuencia de la crisis económica, la precariedad en el empleo y las posibilidades de ser despedido han aumentado, “y el trabajador tiende a ocultar los síntomas, especialmente por el estigma que aún hoy persiste de culpabilizar al enfermo de estarlo”, apunta Saiz.
 
Por tanto, vuelve el fenómeno del presentismo; es decir, continúa Saiz, “el paciente está en su puesto de trabajo pero no es capaz de realizar las tareas que tiene asignadas. Trata de que no se le etiquete como un mal trabajador, pero su rendimiento no es bueno, esto incrementa su desvalorización y auto-reproche y constituye un problema”.

Estudio 'Impact of Depression at Work in Europe Audit' (IDEA).   

 

recuperación de la funcionalidad
Aproximadamente, el 80 por ciento de la pérdida de productividad debida a la depresión puede atribuirse a una inadecuada capacidad en la ejecución de las tareas más que a la ausencia del puesto de trabajo.

El 80% de pérdida de productividad es por la inadecuada ejecución de tareas
En este sentido, se ha infravalorado la importancia de los síntomas cognitivos en la depresión, como son dificultades de atención y concentración, de memoria, de toma de decisiones y planificación, de agudeza mental y velocidad de pensamiento.
 
En esta línea, varios estudios han apuntado que con el tratamiento adecuado, los trabajadores pueden desempeñar con normalidad sus funciones. Esto implica un ahorro en bajas médicas y un incremento de la productividad, así como una mayor integración en la organización, este último aspecto clave para la recuperación de los pacientes.
 
“Un paciente con depresión se puede reincorporar a su puesto de trabajo cuando se siente capaz de hacerlo, los síntomas de la enfermedad han remitido lo suficiente y ha recuperado sus capacidades básicas”, explica Saiz.
 
Por ello, los síntomas cognitivos tienen mucha importancia para la recuperación funcional del trabajador afectado. “Hay que pensar en aspectos concretos como la función ejecutiva, la capacidad de planificar, decidir o enfrentarse a las dificultades”.
 
En la misma línea se muestra Gili quien añade que la sintomatología cognitiva constituye un síntoma nuclear de la depresión. “Con frecuencia la atención sobre las personas que padecen este trastorno se ha centrado en la tristeza y en la pérdida de placer por actividades antes vividas como satisfactorias”, matiza.
 
Sin embargo, investigaciones recientes muestran cómo estos síntomas cognitivos contribuyen en gran medida a la discapacidad que genera este trastorno.

Estudio 'Impact of Depression at Work in Europe Audit' (IDEA).  


objetivo terapéutico de la depresión
El objetivo terapéutico de la depresión persigue que el paciente recupere la funcionalidad, de modo que pueda desempeñar las tareas de su día a día como lo hacía antes de la enfermedad.

Es vital prestar atención a los síntomas residuales cognitivos
Por ello, resulta crucial apuntan los expertos prestar atención a la presencia de síntomas residuales cognitivos, con el fin de detectarlos y tratarlos en beneficio de la calidad de vida del paciente, pero también de las empresas. No en vano, abordar correctamente la depresión y facilitar la reinserción redunda en la productividad empresarial. Y es que los costes de tratar la depresión son mucho menores que las consecuencias de no hacerlo.
 
Sin embargo, alrededor del 50 por ciento de los pacientes no llega a ser tratado correctamente. La clave del adecuado tratamiento de la depresión radica en la detección precoz, fundamental para el mejor pronóstico de esta enfermedad, caracterizada por síntomas afectivos, cognitivos y somáticos, además de con altas tasas de recurrencia y tendencia a la cronificación.

Según pone de manifiesto el informe, hasta el momento, no existen programas nacionales efectivos que se hayan destinado a mejorar el problema de la depresión en el entorno laboral.
 
Uno de los motivos es que no se habían tenido en cuenta hasta ahora eran los grandes costes sobre el número de personas afectadas, las empresas y la economía en su conjunto. Sin embargo, parece evidente que las políticas públicas tienen un rol fundamental en combatir la depresión y el impacto social y económico que esta enfermedad provoca a la sociedad.
 
Hasta ahora en Europa se han diseñado y aplicado algunos programas en empresas con resultados positivos. El objetivo de estos programas se centra en “promover la salud mental, apoyar a los trabajadores cuando puedan estar en situación de riesgo y enseñar a manejar los problemas de salud mental cuando estos aparecen”, añade Gili.
 
En España, “no existen programas de este tipo que requieren un esfuerzo importante tanto económico como formativo, así como una continuidad en el tiempo, difícil de imaginar durante los últimos años de crisis”, concluye Gili.