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ESTUDIO CON MÁS DE 135.000 PERSONAS
Piden revisar las recomendaciones nutricionales para que se ingieran menos carbohidratos

Los cardiólogos aseguran que consumimos demasiados carbohidratos. (Cristian/CC)

Nuevas evidencias presentadas en el Congreso Europeo de Cardiología apuntan a la necesidad de consumir más grasas y menos carbohidratos
30/08/2017 09:52 h. imprimir


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Cardiología Enfermedad cardiovascular Nutrición Alimentación Investigación

Investigadores del Congreso Europeo de Cardiología, que se celebra esta semana en Barcelona, han pedido que se reconsideren las recomendaciones nutricionales globales a la luz de las nuevas evidencias sobre la ingesta de grasa y su relación con el riesgo cardiovascular y la mortalidad.

Se trata de una demanda a la que se han sumado ya numerosos cardiólogos, pero que cada vez cuenta con mayor respaldo científico. Durante el congreso se ha presentado el resultado del estudio PURE (Prospective Urban-Rural Epidemiology), una macroinvestigación en la que han participado más de 135.000 individuos de 18 países y cuya conclusión es clara: un consumo elevado de carbohidratos está asociado a una mayor mortalidad (total y cardiovascular) que un consumo elevado de grasas.

“Es poco probable que limitar el consumo de grasa total mejore la salud de la población”, asegura Dehghan
En concreto, el 20% de personas que más carbohidratos consumen tienen un riesgo de morir un 28% mayor que el 20% que menos consumen. Por el contrario, la ingesta total de grasa en el cuartil más alto versus el más bajo se asoció con una reducción significativa del 23% del riesgo de mortalidad total.

“Nuestros hallazgos no apoyan la recomendación actual de limitar la ingesta de grasa total a menos del 30% de la energía y la ingesta de grasas saturadas a menos del 10% de la energía”, asegura Mahshid Dehghan, investigador de la McMaster University (Canadá) y coautor del estudio.

“Es poco probable que limitar el consumo de grasa total mejore la salud de la población, y un consumo total de grasa de alrededor del 35% de la energía, con la disminución resultante en la ingesta de carbohidratos, puede reducir el riesgo de mortalidad total”, continua Dehghan. “De hecho, los individuos con alto consumo de carbohidratos, por encima del 60% de la energía, pueden beneficiarse de una reducción en la ingesta de carbohidratos y el aumento en el consumo de grasas”.

EL COLESTEROL, EN ENTREDICHO
El estudio PURE ha analizado además el efecto de la dieta sobre los niveles de colesterol. En consonancia con otras investigaciones realizadas en países occidentales, los resultados muestran que el LDL (colesterol “malo”) aumenta con una ingesta elevada de grasas saturadas, pero también lo hace el HDL (colesterol “bueno”), por lo que el efecto neto es una disminución de la relación entre el colesterol total y el HDL.

El LDL no es de fiar a la hora de predecir los efectos de la grasa saturada
Los investigadores aseguran que el LDL (cuya reducción es la base de muchas directrices dietéticas) no es de fiar a la hora de predecir los efectos de la grasa saturada en futuros eventos cardiovasculares. En cambio, es preferible estudiar las apoproteínas A1 y B, que proporcionan la mejor indicación general del efecto de la grasa saturada sobre el riesgo cardiovascular entre los marcadores probados.

“Centrarse en un único marcador de lípidos como el LDL por sí solo no captura el impacto clínico neto de los nutrientes sobre el riesgo cardiovascular”, asegura el doctor Dehghan. “Durante décadas, las directrices dietéticas se han centrado en reducir la ingesta de grasa total y ácidos grasos saturados basándose en la presunción de que la sustitución de estos por carbohidratos y grasas no saturadas disminuirá el LDL y, por lo tanto, los problemas cardiovasculares”.

Pero, según el cardiólogo, gran parte de la evidencia tras este enfoque proviene de estudios de poblaciones occidentales donde el exceso nutricional es un hecho. “PURE ofrece una oportunidad única para estudiar el impacto de la dieta en la mortalidad total y la enfermedad cardiovascular en diversos entornos, en algunos lugares donde la sobrenutrición es común y otros donde la desnutrición es las mayor preocupación”, concluye.