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EL 72% CREE QUE FENIN DEBERÍA APLICAR LAS MISMAS MEDIDAS QUE FARMAINDUSTRIA
Casi la mitad de los enfermeros desconfía de las nuevas normas éticas que impone la industria

El aumento de la burocracia podría ser uno de los mayores escollos en la aceptación de los nuevos códigos. (iStock)

Un estudio de la Asociación Nacional de Directivos de Enfermería y Hollister muestra que las nuevas normas de transparencia no encuentran un apoyo decidido entre los profesionales
06/10/2017 09:24 h. imprimir


Miguel Ayuso Twitter email


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El nuevo Código Ético del Sector de Tecnología Sanitaria, que entrará en vigor el próximo 1 de enero de 2018, establece un nuevo modelo de relación entre las empresas del sector y las instituciones y los profesionales sanitarios, con el objetivo de ofrecer mejores garantías éticas de independencia y transparencia.

No cabe duda de que la puesta en marcha del código –que será de obligado cumplimiento para todas las empresas miembro de la Federación Española de Empresas de Tecnología Sanitaria (Fenin)– afecta directamente a la relación de los profesionales con la industria y, en este caso concreto, a los enfermeros, pues son los que educan directamente a los pacientes en el uso de nuevas herramientas.

Es por esto que la Asociación Nacional de Directivos de Enfermería (Ande) y Hollister han patrocinado un estudio para conocer la opinión de los profesionales de Enfemería en relación a este nuevo marco de relación con la industria. Y apunta a que el nuevo código no levanta pasiones: solo el 65% de los enfermeros encuestados cree necesario que la patronal valide la organización de congresos previamente para garantizar que los patrocinios se realizan de forma indirecta.

La investigación ha contado con la participación de 213 enfermeros de 11 comunidades autónomas
Las nuevas reglas de colaboración que impone la industria de la tecnología sanitaria surgen de la transposición del código ético de MedTech Europe, la patronal europea, y tiene entre sus principales novedades la obligación de otorgar las ayudas a la formación, claves en la organización de congresos, a través de instituciones y organizaciones sanitarias, sin poder elegir el beneficiario directo de las mismas. Las ayudas, además, deberán pasar un sistema previo de aprobación de cada congreso en diferentes aspectos por parte de la patronal, y deberán auditarse a posteriori.

La investigación, dirigida por Miguel Ángel Moyano, director general de Soandex, ha contado con la participación de 213 enfermeros de 11 comunidades autónomas, que valoran los distintos aspectos del código ético. Y la división de opiniones es evidente. 

CUATRO DE CADA DIEZ ENFERMEROS, EN CONTRA DE AUDITAR
No es ningún secreto que la formación continuada de los profesionales sanitarios se ha apoyado tradicionalmente en la financiación de la industria, tanto para la organización de congresos como para cubrir la asistencia a los mismos. Una realidad ampliamente aceptada por el sector, pero que nunca ha estado exenta de polémica.

Los resultados muestran la dificultad de consensuar un modelo idóneo de canalización de las ayudas
Los nuevos códigos éticos –el de Fenin, pero también el de Farmaindustria– van encaminados a proteger esta colaboración, pero sin incurrir en ciertos comportamientos otrora ampliamente extendidos que hoy resultan inaceptables. Pero ¿aprueban los profesionales la forma en que la industria quiere repartir las responsabilidades?

La investigación apunta que los profesionales no ven con buenos ojos la realización de una auditoria tras la celebración de los congresos, pues añade un nuevo nivel de burocracia y complejidad. Además, apunta el informe, supone una transferencia de la responsabilidad de elegir a los destinatarios de las ayudas, que pasa con este sistema de la empresa a los organizadores de congresos. 



Los encuestados se sienten más cómodos con una posición intermedia, esto es, una decisión compartida entre organizaciones y empresas a la hora de designar a los destinatarios de las ayudas, que aprueba el 69%.

Los enfermeros tampoco tienen claro si es preferible que las ayudas se canalicen a través de las sociedades científicas o mediante un acuerdo de colaboración con otras organizaciones sanitarias, como pueden ser las fundaciones de los hospitales. Solo la mitad de los encuestados aprueban esta última opción.

“Los resultados muestran la dificultad de consensuar un modelo idóneo de canalización de las ayudas a la formación para congresos organizados por terceros, al menos en el entorno del hospital”, concluye el informe.

TRANSPARENCIA SÍ, COMPLICACIONES LAS JUSTAS
Dado que el nuevo código ético de Fenin no permite que las empresas designen individualmente a los profesionales que serán beneficiarios de las ayudas para asistir a los congresos, serán los organizadores de estos los que seleccionarán a los candidatos.

Solo un 41% ve un riesgo ético en el hecho de que las empresas financien a título individual a los asistentes a eventos de formación en sus propias tecnologías
Cabe esperar que se establezcan sistemas de selección con criterios comunes, públicos y trasparentes para tal fin, algo que aprueba una amplia mayoría de los encuestados (76%), pero menos de la mitad de los profesionales ven con buenos ojos que esta selección sea realizada por terceras partes (un 43%), una de las opciones que se valoran para dotar de mayor transparencia al proceso.

La exigencia ética de los enfermeros es tibia respecto a otras cuestiones. Solo un 41% ven un riesgo ético en el hecho de que las empresas financien a título individual a los asistentes a eventos de formación en sus propias tecnologías. Tampoco tienen excesivo reparo en que los congresos se celebren en países con atractivo turístico –solo la mitad cree que esto pueda suponer un problema ético–.

El patrocinio indirecto de los congresos es una medida que ya recoge el código ético de Farmaindustria, la otra gran patronal del sector sanitario, pero este va incluso más allá, pues obliga a publicar los datos personales de los profesionales que reciben las ayudas.

En las sesiones los participantes han confrontado ambas medidas y se ha realizado una pregunta relativa a la idoneidad de introducir el mismo modelo de transparencia en Tecnología Sanitaria. Paradojicamente, teniendo en cuenta el grado de aceptación de otras cuestiones, el 72 % de los encuestados opina que se debería aplicar la misma medida de transparencia que en Farmaindustria en relación a la publicación de las ayudas a la formación del sector de la tecnología sanitaria. 



EL CONTROVERTIDO PAPEL DE LAS FUNDACIONES
El código ético de Fenin aborda también el papel de las asociaciones y fundaciones sin ánimo de lucro, cada vez más relevantes en el sector como interlocutores entre empresas y pacientes. En este sentido el texto es claro: las donaciones a estas entidades no deben suponer una inducción a los clientes para comprar, alquilar, recomendar, prescribir o usar productos o servicios de la empresa en cuestión.

En este sentido, el 75 % de los participantes en el estudio ven inapropiada la formación a pacientes por parte de profesionales a domicilio, mediados por una Fundación o Asociación, y el 90 % ve riesgos inaceptables en la formación a pacientes por parte de una Fundación en una marca determinada de producto o servicio.