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LA MAYORÍA DE PAÍSES AÚN NO HA HECHO PÚBLICO SU RESPALDO
Así son los tres candidatos para liderar la OMS (y esto es lo que se espera de ellos)

Los tres finalistas, de izq. a dch.: David Nabarro, Tedros Adhanom Ghebreyesus y Sania Nishtar. (UNMEER/Simon Ruf; European External Action Service/Flickr; Benedikt von Loebell/World Economic Forum/Wikimedia Commons)

Por primera vez la elección a director general de la Organización Mundial de la Salud se realizará entre candidatos conocidos que tendrán que cumplir un código de conducta
11/04/2017 09:30 h. imprimir


Miguel Ayuso Twitter email


Organización Mundial de la Salud Política Salud global

El próximo mes de mayo la Organización Mundial de la Salud (OMS) elegirá un nuevo director general. Los tres candidatos a la elección son Tedros Adhanom Ghebreyesus, experto en malaria y exministro de Sanidad de Etiopía; David Nabarro, médico británico veterano en la OMS –ingresó en 1999 para dirigir el programa de control de la malaria–; y Sania Nishtar, cardióloga, exministra de Pakistán, experta en obesidad y enfermedad cardiovascular.

Hasta la fecha, el puesto era ocupado por personas elegidas entre bambalinas por las grandes naciones, sin ningún tipo de campaña
El hecho de poder hablar de tres candidatos es de por sí una novedad. Hasta la fecha, el puesto era ocupado por personas elegidas entre bambalinas por las grandes naciones. La elección del máximo dirigente de la OMS se realizaba por sufragio secreto entre los 194 estados miembros de la organización, con la sencilla regla de “un país un voto” y entre diversos candidatos presentados por los países. La posición de EEUU o China valía lo mismo que la de Lienchesten o Angola.

Se trataba de un proceso opaco en el que no han faltado las acusaciones públicas de soborno. Laurie Garret, miembro del Council on Foreign Relations (CFR), un thin tank independiente, ilustra con una anécdota que vivió en la sede central de la OMS en qué medida el proceso daba cabida a la corrupción. Como cuenta en el blog Humanosphere, recuerda ver a un ministro de Sanidad de África gritando por los pasillos: “¿Una alfombra? ¿Creen que pueden comprar mi voto con una alfombra?” El ministro estaba muy ofendido porque otros votos habían sido comprometidos con nuevos hospitales, trabajo para familiares o becas educativas.

Pero este año, aunque el sistema de votación sigue siendo el mismo, por primera vez la elección se realizará entre candidatos conocidos, que están de campaña para acceder al puesto y que, además, deben cumplir un código de conducta. Un cambio impulsado por la actual directora de la organización, la doctora Margaret Chan –que ocupa el puesto desde 2006–, en aras de introducir algo de transparencia al proceso.

La presidente saliente de la OMS, Margaret Chan, durante la última Asamblea General. (WHO/L. Cipriani)


UNA DURA BATALLA
Aunque los expertos en salud global declinan pronunciarse en público por ningún candidato, Donald G. McNeil Jr. asegura en The New York Times que, en privado, muchos de ellos predicen una batalla final entre Nabarro y Tedros.

Tedros es el candidato respaldado por la Unión Africana, que insiste en que es el turno de este continente de liderar la organización, así que cuenta ya con 55 votos, pero hasta muy recientemente ha sido ministro de exteriores de Etiopía, en un Gobierno que, según Amnistía Internacional y Human Rights Watch, ha violado repetidamente los derechos humanos de disidentes y periodistas. Tedros no está vinculado directamente con ninguna de estas cuestiones, y las ha criticado en público, pero sigue formando parte de la élite del partido que gobierna Etiopía, lo que puede jugar con su contra.

Los candidatos han evitado posicionarse sobre algunas cuestiones fundamentales
Nabarro es un profesional de la salud global muy conocido en el circuito internacional, sobre todo en Occidente, aunque de momento solo cuenta con el apoyo declarado de Reino Unido. Desde 1999, ha dirigido diversas agencias de la organización, relativas a la gripe aviar, el ébola o el cólera en Haiti. Aunque perdió unas pasadas elecciones para dirigir el Fondo Mundial de lucha contra el VIH, la tuberculosis y la malaria –uno de los suborganismos de la OMS más influyentes– es quizás el candidato con más experiencia en este tipo de procesos de selección.

A la vista está que la candidatura, pese a los cambios introducidos por Chan, se decidirá más teniendo en cuenta intereses de índole geopolítica que relativas a la salud global.

Las posiciones públicas de los candidatos con respecto a la OMS, de hecho, son muy parecidas. Todos prometen mayor transparencia y eficiencia, quieren que aumente el presupuesto de la organización y temen que el nuevo presidente de los EEUU, Donald Trump, corte el grifo del que es el mayor donante de la organización.  Los tres candidatos se han posicionado además a favor de reducir el precio de medicamentos y vacunas, prestar más atención al cambio climático y restaurar la capacidad de respuesta de la organización ante las pandemias, quizás la prerrogativa más importante de la organización, única institución capacitada para declarar una emergencia sanitaria global y organizar los recursos para atender esta.

Pero, más allá de las buenas intenciones, como explican en The New York Times, los candidatos han evitado posicionarse sobre algunas cuestiones fundamentales: ninguno dice que parte del presupuesto de la agencia recortará cuando llegue al poder si, como es previsible, disminuyen las donaciones, y ninguno se atreve a reconocer que algunos países, fundaciones y corporaciones tienen demasiada influencia en la OMS, un problema clave para la mayor parte de expertos en la gobernanza de la salud global.

Foto de la pasada Asamblea General de la OMS, en 2016. (WHO/L. Cipriani)


LOS GRANDES RETOS DEL NUEVO DIRECTOR GENERAL
La OMS no está pasando por su mejor momento. Su capacidad económica está en horas bajas: el presupuesto anual es de 2.200 millones de dólares, aproximadamente la mitad del previsto por el Gobierno español para su partida sanitaria (4.093 euros).

Este dinero, además, solo proviene en un 30% de la Organización de Naciones Unidas, el resto proviene de donaciones, como las que realizan de forma adicional países como Estados Unidos, Reino Unido o Noruega u organizaciones privadas como la Fundación Bill y Melinda Gates o Rotary Internacional. Estas donaciones suelen ir asociadas a programas concretos. Si a los donantes, por ejemplo, les interesa erradicar la polio pero no luchar contra la obesidad se potenciará un área frente a otra. Una serie de intereses con los que el nuevo director general tendrá que lidiar, por no hablar de las presiones del lobbie farmacéutico y alimenticio.

"La negativa de los gobiernos a invertir en la OMS es el mayor problema de la organización", asegura Malpani
En opinión de Rohit Malpani, director de políticas y análisis de Médicos Sin Fronteras (MSF), la primera misión del nuevo director general de la OMS debe ser mejorar la respuesta global ante las emergencias sanitarias. “Hay un énfasis excesivo en los mecanismos de vigilancia de las enfermedades y un enfoque insuficiente en la construcción de una capacidad de respuesta concreta”, explica el directivo de MSF a Responsabilidad Sociosanitaria. “Es como tener detectores de humo sin ningún medio para apagar el fuego”.

Para corregir este desequilibrio  habrá que impulsar un cambio en la cultura organizativa interna de la OMS. En opinión de Rafael Vilasanjuan, director de Análisis y Desarrollo del Insituto de Salud Global de Barcelona (ISGlobal), “es necesario definir mejor las responsabilidades ejecutivas del director general, así como realizar un ajuste, en cuanto a tamaño, de la gobernanza de la institución”.

Para Malpani lo importante es que se promueva la voluntad política de los estados miembros de la organización para dedicar una financiación suficiente y sostenible de los mecanismos de respuestas de emergencia. En este sentido, el directivo de MSF cree que es importante que el nuevo director de la OMS defienda la independencia de la organización, que a su juicio ha sido torpedeada: “Tendrá que poner en práctica medidas para proteger a la OMS de ser influenciada por los intereses particulares de los donantes, y debe afirmar la primacía de la salud pública por encima de la seguridad sanitaria mundial. La negativa de los gobiernos a invertir en la OMS es el mayor problema de la organización. Para que la OMS cumpla su mandato, el director general deberá ser capaz de inspirar confianza en la organización para fomentar una financiación sostenible, previsible y desvinculada”.

El directivo de MSF cree además que el nuevo director general de la OMS tendrá que enfrentarse a dos grandes retos: la mejora en acceso a los medicamentos –pues, en opinión de Malpani, “el actual sistema de investigación y desarrollo está fallando a los pacientes”– y la resistencia a los antibióticos, que requiere de una intervención global para racionalizar su uso y desarrollar nuevos fármacos. Por su parte, Vilasanjuan apunta a que “las consecuencias del cambio climático en la salud deberían generar una agenda propia, así como más acción ejecutiva”.