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CADA VEZ ES MAYOR EL NÚMERO DE CASOS DE MALAS PRÁCTICAS
2.400 nutricionistas rompen la baraja: su Academia se declara 'libre de intereses económicos' (y piden que cunda el ejemplo)

Solo Coca-Cola ha gastado en cinco años 4,5 millones de euros en colaboraciones con entidades científicas. (iStock)

Se trata de una decisión largamente meditada, que culmina un proceso iniciado hace ya casi diez años, pero que se ha acelerado dado lo insostenible de la situación
16/03/2017 10:10 h. imprimir


Miguel Ayuso Twitter email


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La Academia Española de Nutrición y Dietética (AEND), que representa a 2.400 nutricionistas colegiados –en torno a la mitad de los que hay en España– se ha declarado 'entidad libre de conflicto de intereses económicos' e insta a todas las sociedades científicas, fundaciones, asociaciones y colegios profesionales del ámbito sanitario a que sigan sus pasos.

Desde el 1 de enero de 2017, la Academia ha dejado de percibir de forma voluntaria el apoyo económico a través de patrocinios o acuerdos de colaboración con la industria alimentaria y farmacéutica. En la actualidad solo sigue en vigor un convenio firmado con una asociación de productores de pistachos en 2016, y a partir de este año únicamente se aceptará la financiación de la industria en la organización de congresos, bajo un estrictico protocolo de colaboración.

La academia es heredera de la Asociación Española de Dietistas-Nutricionistas (AEDN) constituida en el año 1988 para representar a estos profesionales sanitarios y posteriormente dividida en Fundación Española de Dietistas-Nutricionistas (FEDN) –ahora Academia– y el Consejo General de Dietistas-Nutricionistas de España (CGDN-E), para separar el ámbito profesional del científico; un proceso que culmina ahora, con el apoyo explícito de la máxima representación de los nutricionistas colegiados.

La academia decidió abrir un proceso para, con el apoyo de sus asociados, adaptarse a vivir sin depender de la financiación de la industria
Como explica el presidente de la academia, Giuseppe Russolillo, a Responsabilidad Sociosanitaria, se trata de una decisión largamente meditada, que culmina un proceso iniciado hace ya casi diez años, cuando su revista científica, Journal of the Academy of Nutrition and Dietetics, se convirtió en la primera publicación del ámbito de la nutrición que rechazó los trabajos con conflictos de intereses. Fue entonces cuando la Academia decidió abrir un proceso para, con el apoyo de sus asociados, adaptarse a vivir sin depender de la financiación de la industria. Pero los acontecimientos se han precipitado.

Según señala la academia en un comunidado, en los últimos años la industria alimentaria y farmacéutica ha participado de forma activa y creciente en la financiación de las sociedades científicas, fundaciones y colegios profesionales. Si bien la mayor parte de estas entidades han mantenido unas relaciones con la industria en un marco colaborativo, constructivo y de “buena fe”, en la actualidad esta situación “está cambiando” y cada vez es mayor el número de casos de “malas prácticas” en las relaciones de las organizaciones científicas y profesionales con la industria. Por ello se ha decidido finalizar el proceso de adaptación, que debía culminar en 2020, antes de lo previsto.

La Academia ha pedido que se retire el aval directo de las sociedades a productos alimenticios. (M. A.)


CAMBIO DE PARADIGMA
En opinión del nutricionista Juan Revenga, autor del reputado blog El nutricionista de la General, la decisión de la AEND supone “un punto de inflexión muy significativo” que debemos celebrar, aunque para cambiar esta situación general, que califica de “vergonzosa”, es necesario que se sumen a esta iniciativa el resto de sociedades. Algo que, en su opinión, será complicado, pues los vínculos con la industria alimentaria son muy estrechos.

En opinión de Varela los acuerdos económicos con la industria, "siempre que sea transparentes, se declaren, y en los artículos científicos se publiquen los conflictos de intereses", son beneficiosos
“Durante todos estos años que hemos estado patrocinados por la industria alimentaria y farmacéutica no hemos sentido injerencias por parte de esta, pero en 2008 declaramos que la revista estaba libre conflicto de intereses y nadie siguió nuestro modelo”, asegura Russolillo.

La Academia, explica el presidente de la AEND, aceptaba patrocinios de la industria, pero sometidos a un protocolo muy estricto: se elaboraba un informe independiente sobre la pertinencia de la colaboración y un comité asesor votaba a ciegas la conveniencia de la misma, sin conocer su cuantía económica. Esto ocasionaba que se rechazaran en torno al 80% de las solicitudes. Pero la industria no se quedaba de brazos cruzados.

“En ocasiones la industria nos ha llamado primero para usar nuestro logo en la promoción de su producto”, explica Revenga que, como miembro de la AEND, ha vivido desde dentro cómo funcionaban estas colaboraciones. “Hemos revisado el material que nos mostraban, debatiendo si hacerlo o no, y sugiriendo que de hacerlo eran necesarios ciertos cambios. Al final en la mayor parte de los casos la Academia ha terminado declinando esa relación con la industria que habría supuesto una entrada de dinero espectacular. A los quince días hemos visto el producto con el logo de otras sociedades, al parecer con menos escrúpulos, que ni se tomaron la molestia de revisar los contenidos”.

“La situación es grave”, explica Revenga, “teniendo en cuenta por ejemplo que entidades como la Sociedad Española de Dietética y Ciencias de la Alimentación presta su imagen a la promoción de productos como el Bollycao (Panrico), o la Asociación Española de Pediatría a las galletas Dinosaurus (Artiach). En muchos casos parece que se trata de un simple intercambio promocional, indigno del trabajo que debería realizar una sociedad científica”.

Mesa Redonda y debate sobre ¿Es importante patrocinar? En el marco del VI Congreso FEDN.


UN PANORAMA COMPLEJO
En opinión de Gregorio Varela, presidente de la Fundación Española de Nutrición, la iniciativa de la AEND no tiene porque ser extensible a otras instituciones. En su opinión, cada uno tiene que tener un escenario, y las exigencias que por ley se exigen a una academia no son las mismas que las que debe cumplir otro tipo de organizaciones. "Nuestra fundación tiene unos estatutos que mantienen como principio fundamental la colaboración entre el mundo académico y la industria", explica Varela. En su opinión, los acuerdos económicos con la industria, "siempre que sea transparentes, se declaren, y en los artículos científicos se publiquen los conflictos de intereses", son beneficiosos. 

Puede que la mayoría de profesionales actúen de “buena fe”, pero lo cierto es que las colaboraciones entre industria alimentaria y nutricionistas han tenido unos efectos que no siempre podríamos calificar como beneficiosos. 

Un estudio publicado recientemente en JAMA Internal Medicine denunció que las últimas cinco décadas de investigación en torno a la nutrición y las enfermedades cardiovasculares, incluidas muchas de las recomendaciones dietéticas actuales, han sido moldeadas al gusto de la industria alimentaria. La Sugar Research Foundation –conocida hoy como la Sugar Association– sobornó a renombrados científicos para que culparan a la grasa saturada de los problemas cardiovasculares y exoneraran al azúcar. Y el resultado de esto es de sobra conocido: una enorme confusión en torno a qué deberíamos considerar una dieta saludable, con el impacto consiguiente en las tasas de obesidad.

Todo esto, asegura Russolillo, no significa que las sociedades científicas deban dejar de colaborar con la industria. Esto en su opinión sería contraproducente. Pero la cooperación debe ser transparente y, desde luego, no condicionada por patrocinios económicos.

El presidente de la AEND, Giuseppe Russolillo.

“El camino que hemos escogido viene marcado por la voluntad permanente de dialogar con la industria, pero si lo que le preocupa a la población es el conflicto de interés económico lo hemos eliminado”, afirma el presidente de la AEND. “Le pedimos a las sociedades que inicien un camino similar al nuestro y, en el caso que consideran que no lo tienen que hacer, les pedimos como mínimo que declaren los conflictos de intereses en la página web y podamos tener la información. Nosotros hemos estado financiados ocho años por la industria, no es malo, lo que es malo es que nadie sepa las condiciones de estos acuerdos”.

Más contundente es Russolillo con respecto a los avales de algunas sociedades a productos alimenticios: “Les pedimos que los retiren inmediatamente. Existe una ley en España que lo prohíbe expresamente. Esto nos parece terrible, porque el consumidor está indefenso cuando se encuentra a una sociedad científica en el packaging de alimentos generalmente muy ricos en azúcares y grasas”.

La AEND inaugura con su decisión una nueva etapa, con mayor libertad para posicionarse a favor o en contra de lo que considere oportuno sin que nadie pueda decir que responden a intereses comerciales, pero con un gran reto por delante. “Ahora el presupuesto no es el mismo, tenemos menos capacidad económica, pero suficiente para poder sobrevivir, gracias a las cuotas de los socios”, explica su presidente. Su intención, en cualquier caso, es seguir buscando apoyos financieros, pero en entidades que no estén relacionadas con la industria farmacéutica o alimentaria.