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¿QUÉ HAY DETRÁS DE LA CARNE QUE COMEMOS?
"La ganadería contamina más que todos los trenes, aviones y vehículos del mundo"

Philip Lymbery, durante su visita a Madrid. (M. A.)

Philip Lymbery, director ejecutivo de Compassion in World Farming (CIWF), asegura que la ganadería intensiva no solo genera sufrimiento en los animales, además supone un impacto ambiental y en la salud intolerable
21/04/2017 11:10 h. imprimir


Miguel Ayuso Twitter email


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Philip Lymbery (Reino Unido, 1965) no cumple con el estereotipo asociado a los activistas que defienden los derechos de los animales. Lleva un elegante traje que parece hecho a medida y su discurso tiene ese tono académico tan británico, en el que resulta extraño escuchar las palabras “especismo” o  “vegano”. Pero las pronuncia, y con conocimiento de causa.

Lymbery es director ejecutivo de la organización internacional líder en el bienestar de los animales de granja, Compassion in World Farming (CIWF), y está de visita en España para presentar la adaptación al español de su libro Farmaggedon, que se ha editado en nuestro país en una versión reducida, y con mayor contenido gráfico, bajo el nombre de La carne que comemos (Alianza Editorial).  

En el libro, escrito en colaboración con la periodista de The Sunday Times Isabel Oakeshott, el activista inglés hace un recorrido por las granjas industriales de todo el mundo para trasladar un sencillo pero contundente mensaje: la ganadería intensiva no solo genera sufrimiento en los animales, además supone un impacto ambiental y en la salud intolerable.

Sobre estas cuestiones charlamos con el autor en un hotel del centro de Madrid:

PREGUNTA. Sabemos que la ganadería intensiva tiene un importante impacto sobre el medio ambiente pero ¿somos conscientes de la magnitud de este?

RESPUESTA. La mayoría de gente no tiene ni idea de la profundidad de esa destrucción, por eso he escrito el libro, para mostrar los verdaderos costes de la carne barata, para el medio ambiente, el bienestar animal, y la calidad de nuestra comida. 

P. ¿Qué impacto tiene el consumo de este tipo de carne sobre nuestra salud?

R. La carne barata supone sacar a los animales de granja fuera del campo, de donde pertenecen, y donde comen hierba, frutos, semillas..., y meterlos en granjas industriales donde están confinados en jaulas y son alimentados para que engorden más con cereales y soja. Lo que pasa cuando sacamos a los animales de los pastos y les ponemos una dieta de cereales es que la carne tiene mayores niveles de grasas saturadas, menores niveles de omega-3, porque proviene de una dieta no natural. Comer demasiada carne barata hace que tengamos una dieta poco saludable.

"El problema más serio es que se está facilitando el criadero perfecto para la emergencia de nuevas y más letales versiones de patógenos como la gripe porcina o aviar"
Además de eso, otro gran problema de las granjas industriales es que se meten muchos animales en muy poco espacio. Esto no solo causa un gran sufrimiento a los animales, además alienta la aparición de enfermedades. Y estas enfermedades son atacadas usando una gran cantidad de antibióticos, lo que hace que aparezcan superbacterias, que hacen que los antibióticos sean menos eficientes en las personas.

Otra forma en que las granjas industriales causan problemas de salud en las personas es a través de la proliferación de bacterias que provocan intoxicaciones alimentarias, como la Salmonella o las Campylobacter, que pueden ocasionar grandes problemas en el sistema de alimentación industrial.

Además, últimamente, el problema más serio es que se está facilitando el criadero perfecto para la emergencia de nuevas y más letales versiones de patógenos como la gripe porcina o la gripe aviar. Ya que son nuevas versiones, a veces se trasladan a otras especies y no solo afectan a la propia industria, matando gallinas y cerdos, sino que también pueden afectar a los humanos. Decenas de miles de personas murieron debido al desarrollo de una gripe porcina altamente patógena.  

P. La Organización Mundial de la Salud considera la resistencia a los antibióticos como un problema de salud pública de primer orden. ¿En qué medida es la ganadería industrial responsable de la situación actual?

R. Es una gran parte del problema. La mitad de todos los antibióticos que se producen en el mundo se administran a los animales, muchos de ellos para combatir las enfermedades propias de la ganadería industrial. En España más del 80% de los antibióticos se usan en los animales. Según un informe encargado por el gobierno británico, la evidencia de que la administración de antibióticos en las granjas industriales está provocando problemas de salud en los humanos es abrumadora. Es por ello que la OMS advierte de que si no hacemos algo para acortar el uso de los antibióticos, tanto en los humanos como en los animales, nos tendremos que enfrentar pronto a una era postantibiótica en la que muchas enfermedades tratables hoy en día serán letales. 

Trailer-book de Farmaggedon.


P. El impacto de las prácticas irresponsables en ganadería es global. ¿Cree que los nuevos tratados de libre comercio que se han firmado, y planean firmarse, en Europa pueden aumentar el problema?

R. Los tratados de libre comercio incrementarán la presión en España y otros países europeos para importar productos de las megagranjas de EEUU, que pueden haber sido criados usando hormonas o jaulas en batería [prácticas que están prohibidas en Europa], pero además pueden aumentar la presión para adoptar las megagranjas de estilo estadounidense. Ya hemos visto que se plantea instalar una granja de este tipo en Soria, con 20.000 vacas en un solo espacio. Eso es el equivalente a 400 granjas lecheras de tamaño medio de Europa. 

P. Los promotores de esa lechería aseguran que creará 250 trabajadores directos en la región, pero los granjeros de la zona se han opuesta a ella, porque creen que acabará con sus pequeñas explotaciones. ¿Cree que estas megagranjas además de suponer un problema medioambiental tienen un importante impacto social?

R. Sin duda. Como cuento en el libro, viajé a la región natal de las megagranjas: Central Valley, en California. Allí hable con una exmaestro de escuela, Tom Frantz, que me habló del aire contaminado que emerge de estas explotaciones. Lleva una camiseta que pone "¿tienes asma?", debido al auge de la enfermedad [una quinta parte de los niños del área la sufren]. Me habló de que el estiércol de las megalecherías se filtra y contamina el agua potable, por lo que las comunidades más pobres, que viven en caravanas, porque no pueden permitirse una casa normal, tienen que comprar agua embotellada. Me llevó además a una escuela que está rodeada por siete megalecherías y la contaminación del aire es tan elevada, y la atmósfera está tan repleta de moscas y mal olor, que los niños no pueden abrir las ventanas en verano. Estos son problemas sociales muy serios. Y me da la sensación de que todo esto podría pasar en España. 

"Se puede contribuir a salvar el planeta eligiendo carne producida en libertad o de forma ecológica"
P. ¿En qué medida la contaminación atmosférica que produce la ganadería intensiva influye en el cambio climático?

R. La industria ganadera a nivel global es un gran contribuyente al cambio climático, de hecho, su papel en el cambio climático es mayor que todo el sector del transporte en conjunto. La ganadería produce más gases de efecto invernadero que todos los trenes, aviones y vehículos del mundo. Y esto es serio, particularmente cuando pensamos que el actual plan de la ganadería industrial es incrementar el sector de los actuales 70.000 millones de animales a los 110 o 120.000 millones. Lo que necesitamos hacer como comunidad global si queremos evitar consecuencias catastróficas es reducir el consumo por la mitad.  La carne tiene que provenir de fuentes sostenibles, lo que significa apostar por granjas ecológicas o que dejen libertad de movimiento a los animales (free range). 

P. ¿Deberíamos ser todos vegetarianos o es posible comer carne de otra manera?

R. Creo que es importante evitar el consumo excesivo de carne, pero el libro no es sobre comer carne o no, es sobre el tipo de carne que comemos, y el tipo de pescado y huevos. Su objetivo es señalar que si la mayoría de la gente come carne, la mayoría puede contribuir a salvar el planeta eligiendo carne producida en libertad o de forma ecológica, en vez de en granjas industriales. Hablo a los consumidores ordinarios. Los vegetarianos y veganos ya hemos tomado una elección. De lo que va el libro es de convencer a la mayoría silenciosa de que, simplemente, elegir un tipo distinto de carne puede marcar la diferencia.

Lymbery es vegetariano, pero cree que se puede comer carne de otra manera. (M. A.)


P. La gran crítica que se hace a la comida ecológica es que es algo que solo se pueden permitir los ricos y no garantizaría la producción de alimentos que necesita toda la población. ¿Cree que es cierto?

No, no es verdad, de ninguna manera. El actual sistema alimentario produce comida para 17.000 millones de personas, y somos 7.000 millones de personas en todo el mundo. Las proyecciones aseguran que la población subirá a 11.000 millones y entonces se estancará. Esperemos. Pero, en cualquier caso, hoy producimos suficiente comida para alimentar a todo el mundo, también en el futuro cercano, sin embargo malgastamos más de la mitad de esta comida, en su mayor parte alimentando a los animales de las granjas industriales, con cereales y soja, que gastan la mayor parte de las proteínas y calorías de esa comida en producir carne. Realmente, el problema que nos impide alimentar al mundo es la ganadería industrial, y la solución para alimentar al mundo es acabar con este tipo de producción. La carne barata no es más barata, pagamos por ella tres veces: la primera en el supermecado, la segunda a través de grandes ayudas para subvencionar la ganadería industrial, y, en tercer lugar, lo pagamos debido al impacto en la salud y el medioambiente. Si se incluyera esto en el precio que pagamos en el supermercado la carne ecológica sería mucho más barata. La idea de que la carne ecológica es más cara es un falso constructo de los políticos y economistas que crearon la PAC hace más de 15 años, que crearon un sistema en el que parece que la carne mala es barata. Esto tiene que cambiar. 

Portada de 'La carne que comemos'.

P. Los grupos ecologistas, al menos en España, son mucho más críticos con los transgénicos que con la ganadería industrial. ¿Están errando el tiro?

R. El problema es que las compañías que diseñan transgénicos dicen que sus semillas están alimentando al mundo. Pero no es cierto. La realidad es que los cereales transgénicos se usan en las granjas industriales, para alimentar a los animales, que no es lo mismo. Los cereales industriales se producen utilizando cantidades enormes de pesticidas y fertilizantes, una gran devastación y contaminación, solo para alimentar animales. Para eso sirven los transgénicos. La pregunta es ¿necesitamos esta tecnología? Yo creo que no. No al menos de base. Creo que el mundo no necesita producir más, sino valorar lo que tenemos y usarlo mejor. La tecnología no es buena ni mala, la cuestión es para qué la usamos. 

P. En el libro insiste en que los consumidores tienen el poder para cambiar el tipo de ganadería que practicamos. ¿Tenemos más poder de influir de lo que pensamos?

R. Tenemos el poder de cambiar el mundo tres veces al día, para los animales, el medio ambiente y nuestra salud. Al elegir alimentos ecológicos o con libertad de movimiento podemos marcar la diferencia. 

P. ¿Por qué cree que es importante promover el bienestar animal?

R. El bienestar animal importa para el animal, claro, porque si no les mantenemos en forma, sanos y felices, sufren, y el sufrimiento de los animales es un problema ético. Pero la otra parte de todo esto es que si no procuramos el bienestar animal dañamos el medio ambiente y producimos una carne poco saludable, sino peligrosa, que deberíamos evitar. Poniéndolo en positivo, si tratamos a los animales con atención y respeto tendremos mejor comida, protegeremos el medio ambiente, y salvaguardaremos el futuro para nuestros hijos. 

P. ¿Cree que a medida que avance la ciencia de la conciencia, y entendamos mejor qué sienten los animales, cambiará la forma en que les tratamos?

R. Creo que ya estamos viendo un cambio en la actitud, por eso libros como este están ganando popularidad y tú me estás entrevistado. Debemos recordar que no fue hasta 1997 cuando la UE reconoció que los animales sienten, y tienen la habilidad de experimentar dolor o placer. Solo entonces se reconoció legalmente, hace muy poco. La idea de que los animales son vecinos en el planeta y no objetos está cada vez más extendida. Creo que los animales no son tan inteligentes como las personas, pero pueden sentir. Y creo que es bueno para todos no hacer sufrir a los animales y dejarles experimentar el placer de vivir. Además, manteniendo a los animales en buenas condiciones, que les permitan expresar sus comportamientos naturales, tendremos mejor comida y un sistema más sostenible.