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AHORA MÁS QUE NUNCA, ES MEJOR PREVENIR QUE CURAR
"El medio ambiente no es una cuestión de osos polares, hay una avalancha de muertos"

La asturiana María Neira es una de las mayores autoridades en materia de salud pública del mundo. (IISD)

La directora del Departamento de Salud Pública y Medioambiente de la Organización Mundial de Salud (OMS) insiste en que la contaminación es un enorme problema de salud pública
08/03/2017 14:50 h. imprimir


Miguel Ayuso Twitter email


Organización Mundial de la Salud Salud pública Gobernanza Cambio climático

Comenta María Neira (1960, La Felguera, Asturias) que celebra el Día de la Mujer a diario. Y no es para menos. La asturiana es otra de esas españolas ilustres cuya figura nadie se preocupa por reivindicar, pese a que es uno de nuestros pocos representantes en la gobernanza de la salud global.

En la actualidad, Neira dirige el Departamento de Salud Pública y Medioambiente de la Organización Mundial de Salud (OMS), y se pasa el día reivindicando ese gran lugar común tan repetido como ignorado: que en materia de salud, es mejor prevenir que curar.

Con motivo de su visita a Madrid, para participar en el V congreso de la Asociación Ibérica de Gas Natural para la Movilidad, ha respondido a las preguntas de Responsabilidad Sociosanitaria.

PREGUNTA. ¿Cree que la sociedad se está empezando a tomar en serio el impacto que el deterioro del medio ambiente tiene sobre la salud?

RESPUESTA. No queda otra opción. La avalancha de muertos y el impacto que está teniendo la mala gestión del medio amiente y la exposición a factores ambientales en nuestra salud no deja otra opción. La sociedad, ya sea de forma brusca o paulatina, tiene que entender que esto del medio ambiente no es una cuestión de osos polares y de glaciares sino que es fundamentalmente una cuestión de salud humana que nos afecta a todos.

"Hace 50 años a nadie le extrañaba que las industrias estuvieran dentro de la ciudad, ahora sería impensable"
P. No parece que lo tengamos muy claro. Medidas como las restricciones de circulación que han tomado Madrid y Barcelona son muy polémicas. Pero, ¿nos tenemos que ir acostumbrando a ellas?

R. Hay que cambiar de mentalidad. Además de las razones de salud están las razones socioeconómicas. Hay muchos beneficios de este tipo de políticas. Hace 50 años a nadie le extrañaba que nuestras industrias estuvieran dentro de la ciudad, o que se echaran sustancias químicas al río, o que hubiera grandes chimeneas que nos llenaran de humos, porque nadie pensaba que teníamos ningún derecho con respecto a la salud. Hoy sería completamente impensable una cosa así.

P. ¿Están siendo los políticos poco exigentes, y poco didácticos, en torno a este asunto?

R. Efectivamente, falta explicárselo mejor a la gente. Creemos que con nuestros informes estamos avanzando en este sentido. No se trata de alertar o provocar pánico, se trata más bien de que la gente entienda que cuando hay un pico de contaminación el que es asmático va a tener mayores problemas, pero el que no también va a ver afectado sus pulmones y su sistema cardiovascular. Se requiere un cambio de mentalidades, una actitud un poco más positiva. Se requiere también una parte más pedagógica, para explicar que esto no es de derechas ni de izquierdas. Esto es una cuestión de desarrollo social, económico y de salud en el sentido positivo.
 
P. Sin embargo sí que se ha ligado una cosa y la otra a determinadas corrientes políticas, entre otras cosas porque hay quien no se cree todavía el cambio climático. Estoy pensando, claro, en el presidente de los Estados Unidos. ¿Qué implicaciones va a tener su elección?

R. Quiero ser optimista y positiva y pensar que independientemente de ciertas posiciones o declaraciones altisonantes, llevar a cabo ciertas políticas que generen contaminación del aire y por lo tanto que la gente no pueda respirar va a ser impracticable. Aparte de cierto sensacionalismo al final hay muchos ciudadanos en EEUU, muchos gobernadores, muchos estados, donde eso no va a ser posible. 

"Ninguna multinacional quiere instalarse en Beijing porque no pueden respirar. Ya no es bueno para los negocios tampoco"
P. ¿Cree que corre el peligro el Acuerdo de Paris?

R. El peligro lo correrá el día en que los ciudadanos bajemos la guardia. Pero pienso que ese momento ya quedó atrás, es irreversible. Podremos ser más o menos ambiciosos en la ejecución. Los países han prometido un cierto número de cosas y después igual no las cumplirán en el mismo grado que las han prometido, pero ya hay cuestiones que son irreversibles. Utilizar cada vez más fuentes de energía no contaminantes, renovables, el evitar la dependencia de los combustibles fósiles, es una cuestión ineludible. 

P. ¿Seremos capaces de evitar el punto de no retorno?

R. En el camino hacia eso van a pasar dos cosas. Nuestros niños, que tienen otra conciencia ambiental, están creciendo y van a tomar cartas en el asunto. Además, va a haber probablemente algún tipo de aviso más importante en cuanto a riesgos ambientales y desastres naturales y eso acelerará las cosas. Además, hay países como China que hoy es uno de los más contaminantes pero ha declarado prioridad nacional la lucha contra la contaminación de aire. Cuando un país con una política tan centralizada toma una decisión va en cascada muy rápidamente. Se están cerrando plantas de producción eléctrica que usaban el carbón a gran velocidad y China ha entendido que si quiere progresar económicamente tiene que cambiar eso. Ninguna multinacional quiere instalarse en Beijing porque no pueden respirar. Ya no es bueno para los negocios tampoco. 

Marái Neira durante su intervención en el V Congreso Gasnam.


P. La contaminación no solo conlleva problemas de salud de tipo respiratorio, influye en muchas otras cuestiones, como la alimentación. Usted ha sido presidenta de la Agencia Española de Seguridad Alimentaria. Hay quien cree que la comida es cada vez peor, y esto conlleva múltiples problemas de salud. ¿Está de acuerdo?

R. Yo creo que la elección sigue estando presente. Dependerá mucho de nosotros, de qué tipo de elección hagamos. Los riesgos los conocemos. Las opciones están ahí. Es cierto que el ambiente también influye mucho en esas elecciones y eso es lo que tenemos que cambiar. Hay países donde comprarse un refresco muy popular que no voy a nombrar es más barato que comprar una botella de agua y donde se ha visto que los niveles de obesidad están muy ligados a ese refresco. Acabaremos dándonos cuenta, brutalmente o sensatamente, y habrá que tomar algunas decisiones. Los gobiernos están intentando ya tomar algunas decisiones, a lo mejor sin la rapidez ni en la amplitud que nos gustaría, pero creo que es irreversible ese camino también. 
 
"Hay países donde comprarse un refresco muy popular que no voy a nombrar es más barato que comprar una botella de agua"
P. ¿El impuesto sobre las bebidas azucaradas va a ser cada vez más común?

R. Las tasas del azúcar es una medida que ha provocado lo que queríamos, una sacudida importante para que la gente entienda cuántas cucharadas de azúcar hay en un refresco. La gente tiene que saber eso y decidir si quiere seguir tomándolo. Las tasas han sido una manera de provocar ese debate, y de alguna manera desincentivar ese consumo, que va contra cualquier tipo de alimentación saludable que uno pudiera proponer.

P. Hace unas semanas salió un completo estudio que hablaba del estatus socieconómico como un importante factor de riesgo de salud que se debería abordarse por separado, y apuntaba que la OMS no lo tiene en cuenta. ¿Está de acuerdo?

R. Tengo que reconocer que me irritó profundamente por una razón muy sencilla. El autor de ese informe fue al que la OMS le comisionó hacer el informe sobre determinantes sociales de salud, hace años, y en ese informe ya dijimos exactamente esto, que hay determinantes sociales de la salud, que la pobreza es determinante en la salud. Está muy bien que hayan avanzado todavía más en esa demostración, y que la pobreza sea considerada un factor de riesgo. Pero esa es una lucha que va como paraguas a todo lo que hacemos. Cuando ponemos en marcha un programa sobre la tuberculosis a lo mejor no incluimos de forma explícita la lucha contra la pobreza, pero es evidente que está como una de las cuestiones transversales más importante. Lo mismo ocurre con las enfermedades no transmisibles. Además de los factores de riesgo es evidente, muy evidente, que hay que luchar contra la pobreza. Estoy de acuerdo en las conclusiones, pero más en desacuerdo con esa crítica velada, que entiendo que es totalmente injustificada, debido al hecho precisamente de que fue la OMS quien comisionó ese informe y lo usó por muchos años.

P. Usted es una firme defensora de apostar por la prevención. ¿Por qué cree que se sigue priorizando lo asistencial por encima de lo preventivo?

R. Por la demanda. Evidentemente la presión viene cuando la enfermedad aparece. Siempre hay que demostrar cuántos pacientes se trataron, cuántos pacientes recibieron asistencia, pero es muy difícil demostrar cuantos casos fuimos capaces de prevenir poniendo en marcha un plan de prevención. Nadie discute que hay que invertir en bomberos, porque el día que hay un incendio son fundamentales, aunque pasen diez años y no haya ninguno. Esto va incluso más allá, significa invertir en que nuestras ciudades no contaminen, y por lo tanto, al no contaminar, se prevengan los cánceres. Pero claro, la gente eso no lo ve. Y cómo no se ve, no se palpa. Pero no cabe duda de que hay que hacerlo. 

Intervención de María Neira en un encuentro de la Escuela Andaluza de Salud Pública.


P. Existe un debate importante en torno al elevado precio de los medicamentos innovadores y las vacunas, algo que muchas organizaciones consideran ya un problema de salud pública. ¿Está de acuerdo en que, en efecto, lo es?

R. Volvemos al tema de los determinantes sociales. Está claro que el acceso a los medicamentos condiciona nuestra salud. En países privilegiados donde las personas tienen un sistema de salud gratuito, o por lo menos accesible y universal, hay que negociar más los precios, no cabe duda, y sobre todo los medicamentos de innovación, pero hay que acordarse siempre de que hay una proporción de habitantes en el mundo que no tiene acceso a esos medicamentos y la ganancia prima con respecto al acceso. Evidentemente es un problema, sobre todo cuando el arsenal de esos medicamentos es escaso y hay que desarrollar nuevos, hay que destinar recursos a investigación, y se pagan a precios muy elevados. 

"Sse ha creado una especie de movimiento de expertos en criticar a la OMS que a veces no sabe quiénes somos o qué hacemos"
P. ¿No cree que hay poca iniciativa política para abordar este problema?

p. Cada Gobierno y cada país tiene distintos niveles de interacción. No todos los países son comparables y es cierto que las industrias farmacéuticas tienen bastante poder y tienen una capacidad importante. Creo que sería necesario más diálogo y hay que estudiar también opciones de innovación, de investigación fomentada por la inversión pública. Cada país tiene que estudiar cuál es su portfolio de iniciativas y de opciones y explotarlas todas.

P. La OMS es uno de los primeros organismos de coordinación internacional que se crearon en la historia, pero hay quien cree que no está viviendo su mejor momento. ¿Cree que todavía tiene un papel relevante?

R. Cuando uno trabaja en salud pública internacional global ceo que no hay otra opción que tener un organismo como la OMS. Te estoy hablando desde una sala en el ministerio de medio ambiente que alberga a 100 expertos del mundo convocados por la OMS, que no representan gobiernos, sino a su propio conocimiento. Vienen de la Nasa, de la agencia espacial japonesa, del programa europeo de calidad del aire, de China, de Nueva Delhi... Estamos viendo qué modelos matemáticos se pueden utilizar y estamos poniendo juntos los datos que tenemos para ver el impacto en salud de la contaminación del aire. ¿Quién haría eso si no fuera la OMS?

Sé que en este momento la OMS está más visible desde el punto de vista de una grieta que se ha abierto para la crítica, sobre todo por la gestión de alguna epidemia, pero me preocupa que la gente no sepa el trabajo que se hace todos los días. Ahora tenemos un encuentro sobre la calidad del aire en Madrid, pero al mismo tiempo mi colega de diabetes está convocando un jornada o el de nutrición está viendo el tema de las tasas, el de malaria está poniendo en marcha otros tipos de mecanismos.... Es tan arrollador y tan potente, yo creo, el trabajo de salud pública global, que una crisis puntual, o el hecho de que dependiendo de quién sea el director haga una y otra cosa, la maquinaria funciona, y solo hay que mejorarla. Ahora se ha creado una especie de movimiento de expertos en criticar a la OMS que a veces no sabe quiénes somos o qué hacemos. Creo que donde se mide el impacto de la OMS es en todo el trabajo que hacemos a diario, no en la respuesta frente a una epidemia concreta. Somos la fuente de referencia respecto al conocimiento y nos permite gestionar una salud pública global. La OMS tiene un poder institucional muy fuerte, en el buen sentido, y es lo que hay que explotar más.