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LAS ASOCIACIONES DE PACIENTES PIDEN MEJORAS EN EL ETIQUETADO
Los productos sin gluten son menos saludables que los alimentos a los que sustituyen

El etiquetado de los productos sin gluten puede llevar a confusión. (iStock)

Un nuevo estudio asegura que los productos para celíacos contienen hasta tres veces menos proteína que los productos originales. Tienen además un mayor contenido en lípidos y grasas saturadas
11/05/2017 08:30 h. imprimir


Miguel Ayuso Twitter email


Enfermedad celíaca Nutrición Investigación

Los productos sin gluten no pueden ser considerados como sustitutos suficientes de sus homólogos que contienen esta proteína procedente de los cereales. Esta es la principal conclusión de un estudio presentado hoy en el 50ª Congreso Anual de la Sociedad Europea de Gastroenterología Pediátrica Hepatología y Nutrición, que muestra que los alimentos sin gluten tienen un contenido energético significativamente mayor y una composición nutricional diferente.

Los productos sin gluten intentan imitar a sus equivalentes con gluten en lo relativo a su aspecto, su sabor y su textura, descuidando su composición nutricional
El estudio ha analizado el perfil nutricional de 654 productos sin gluten y los ha comparado con su equivalente convencional en el mercado. Muchos de los productos con  gluten, especialmente panes, pastas, pizzas y harinas, contienen hasta tres veces más proteína que sus sustitutos libres de gluten que, en muchos casos, tienen además un mayor contenido en lípidos y grasas saturadas.

Los resultados del estudio no sorprenden a Juan Ignacio Serrano Vela, responsable de investigación y formación en la Asociación de celíacos y sensibles al gluten de Madrid, que asegura que va en la línea de algo que ya conocíamos: “Los productos específicos sin gluten tradicionalmente han intentado imitar a sus equivalentes con gluten en lo relativo a su aspecto, su sabor y su textura (es decir, que sean lo más apetecibles posible), descuidando aspectos fundamentales como son su composición nutricional, que efectivamente está lejos de ser equilibrada. Generalmente adolecen de bajo nivel de fibra y alto contenido energético, a menudo a base de grasas de no muy buena calidad”.

UNA DIETA POCO SALUDABLE
Aunque de un tiempo a esta parte la dieta sin gluten se ha puesto de moda entre personas que no padecen la enfermedad celíaca –algo poco recomendable según la comunidad científica–, hay quien no puede prescindir de ella. Los pacientes con enfermedad celíaca, incluidos los niños, tienen que seguir de por vida una dieta sin gluten y remplazar muchos alimentos básicos como el pan o la pasta. La ingesta de las alternativas sin gluten desempeña, por lo tanto, un papel muy importante para muchos consumidores: en torno al 1% de la población europea que se calcula padece la enfermedad. Y que las alternativas que utilicen no sean saludables supone un problema.

Los desequilibrios entre una dieta con y sin gluten podrían afectar el crecimiento de los niños y aumentar el riesgo de obesidad
En opinión de los investigadores, los desequilibrios entre una dieta con y sin gluten podrían afectar el crecimiento de los niños y aumentar el riesgo de obesidad infantil, por ello piden reformular estos alimentos con materias primas más saludables, que aseguren una dieta correcta.

Como explica el autor principal del estudio, Joaquim Calvo Lerma, miembro del Grupo de Enfermedad Celiaca e Inmunopatología Digestiva del Instituto de Investigación Sanitaria La Fe, en Valencia, “a medida que cada vez más y más gente está siguiendo una dieta sin gluten para controlar eficazmente la enfermedad celíaca, es imperativo que los alimentos comercializados como sustitutos se reformulen para asegurarse de que realmente tienen valores nutricionales similares. Esto es especialmente importante para los niños, ya que una dieta bien balanceada es esencial para un crecimiento y desarrollo saludables”.

PROBLEMAS CON EL ETIQUETADO
Los investigadores denuncian además que los consumidores pueden no ser conscientes de la diferencia entre los diferentes productos debido a un pobre etiquetado nutricional. En opinión de Sandra Martínez-Barona, coautora del estudio, “cuando los valores nutricionales de los productos libres de gluten varían significativamente de sus homólogos que contienen gluten, como en el caso de tener mayores niveles de grasas saturadas, el etiquetado debe indicarlo claramente, para que los pacientes, padres y cuidadores puedan tomar decisiones informadas”.

Martínez-Barona también cree que sería conveniente que los pacientes y sus familiares  reciban orientación para mejorar su comprensión de las composiciones nutricionales de los productos, para permitirles realizar compras más informadas y asegurar una dieta más saludable.

Lo ideal sería implantar un etiquetado de tipo “semáforo” para facilitar la comparación entre los productos de los principales nutrientes
La eurodiputada Daciana Sarbu, vicepresidenta de la Comisión de Medio Ambiente, Salud Pública y Seguridad Alimentaria, ha explicado en el Congreso que “la legislación de la UE prevé el etiquetado nutricional obligatorio de los alimentos preenvasados, sin embargo, los productos alimenticios no preenvasados que podrían incluir gluten no están sujetos a los mismos requisitos. En este caso, los consumidores podrían ser menos conscientes de las importantes diferencias nutricionales con impactos potencialmente significativos para la salud”.

Como explica Serrano, el actual reglamento europeo permite etiquetar “sin gluten” los productos envasados, fijando el tope en 20 mg/kg, y obliga a declarar los alérgenos –gluten incluido– en productos envasados y frescos. “Sin embargo, quedan lagunas en lo relativo a la composición nutricional”, apunta. “Es cierto que es de obligada declaración, pero aún queda pendiente especificar adecuadamente el tipo, origen y proporción de ciertos ingredientes como las grasas. Esto afecta a todos los productos del mercado (envasados), pero el impacto es mayor en los productos específicos sin gluten porque son más susceptibles de incorporar ingredientes algo menos saludables”.

En opinión de Sarbu, lo ideal sería implantar un etiquetado de tipo “semáforo” para facilitar la comparación entre los productos de los principales nutrientes, incluyendo proteínas, grasas y azúcares. Esta medida fue debatida para ser incorporada en la actual legislación sobre el etiquetado de la Unión y fue rechazada no sin polémica.